Revista Literaria Periódico Cultural

17.8.2009

17.8.2009 GMT

Conociste a Luigi Casola por Maricela Lujan Mexico.

Conociste alguna vez a Luigi Casola ? por Maricela Lujàn

Forza! Forza, Italia!! Son come marmotte!! Madonna, vai, vai avanti !!

Cosa siete ? ¿ Hombres di ciccolatto ?

El pelotón ciclista avanzaba compacto por la carretera, arengado por el italiano Luigi Casola, que a la cabeza del grupo en su bicicleta de acero y titanio, pedaleaba con sangre, pulmones y corazòn. Los motivaba con el coraje del que no acepta la derrota. Se hacìa entender, por supuesto, aunque no les hablaba en español a los ciclistas mexicanos. Su idioma personalìsimo siempre fuè el itagnolo.

( una mezcla hìbrida del italiano y del español )

Y cuando alguien le preguntaba ¿ porque ? èl respondìa que era su sello personal.

- Asi se preocupan màs por entender – decìa con el resabio dictatorial que nunca se quitò desde de la influencia del Mussolini de su juventud, en la Italia “delle canicie nere”en los tiempos de la segunda guerra mundial.

Era cierto. Quienes lo escuchaban ponìan màs atención a su diàlogo. Intentaban agarrar al vuelo sus expresiones, sus anècdotas, sus frases sentenciosas, sus acertadas tècnicas de entrenamiento, sus atinadas recomendaciones enfocadas a la alimentación de los atletas. Las historias que contaba relacionadas con sus infinitas vivencias como ciclista profesional, en las carreras europeas, salpicadas con un toque del humor sarcàstico muy propio en èl, y a veces con destellos fantasiosos, ¿ acaso mitòmanos ? pero siempre resultaban emocionantes para sus oyentes.

Era un ìdolo para los ciclistas del Mèxico, antes de la Olimpìadas del 68.

En su bagaje deportivo llevaba grandes triunfos en el ciclismo europeo.

Habìa formado parte de los mejores equipos ciclistas italianos en los años 40’s y en los 50’s. Decidiò desde muy joven, que la bicicleta y pedalear en ella, era lo suyo.

Lo traìa en la sangre, y su padre lo supo, cuando le preguntò a Luigi a los dieciocho años que iba a hacer de su vida en el futuro. El habìa contestado:

“ Voy a vivir mi vida sobre una bicicleta, - y luego añadiò:

… e irè a Amèrica pronto, no sè còmo ni porquè, pero mi vida està allà ”

Ernesto Casola, el padre de Luigi, en ese entonces, habìa guardado silencio. Pero nunca olvidò lo que le dijo el hijo, y còmo se fueron cumpliendo una a una las sentencias que pronosticò. Leònidas, la madre de Luigi, lo comprendiò aùn sin hablar. Viò còmo su hijo se transformaba, cada vez que salìa a rodar ya fuera sòlo ò con el grupo de compañeros ciclistas. Ella lo veìa entrar, salir de casa, y con el sol, el viento y los amaneceres iluminàndole el rostro cada dìa, supo que èl ya no le pertenecìa màs, que su Luisen, como le decìa, se nutrìa de emociones nuevas que lo transportaban a mundos desconocidos y donde la adrenalina que le circulaba por las venas, lo arrancaba para siempre de ser el “ ragazzo della mama ”

Luigi!! Vai!! Sei bravo!! Lo vitoreaban en cada carrera. El, al escuchar cada frase, mientras pedaleaba, sentìa que su vida adquirìa un nuevo sentido.

Su respiración, jadeante, el sudor que salìa de cada poro de su piel, el cansancio que a veces no soportaba en las pantorrillas en cada subida pronunciada, la tensiòn en los brazos y en las manos, aferradas al manubrio de la bicicleta, los ojos a veces opacados por la nieve, otras veces casi cegados por el brillo del sol, el frìo del invierno lacerante cortando como un cuchillo filoso en cada parte de su cuerpo

ò el calor agobiante del verano, que deshidrata y quema cada cèntimietro de la piel

no le impedian montar en la bicicleta, ya fuera para entrenar cada dìa con una constancia casi religiosa, ò para participar en las competencias agonìsticas.

Era su vida. Y Luigi fuè un ciclista de nacimiento, si es que se permite la expresión.

Habìa venido a Mèxico a competir en diversas carreras importantes, se sintiò atraido por el paìs del calendario azteca. Le gustaron en especial sus casi 365 dias de Primavera, y un dìa del año 1963 llegò para quedarse y para que se cumpliera su famoso augurio de

“ vivir en Amèrica ”

Pronto entrò en el engranaje deportivo mexicano, y se hizo cargo de los mejores ciclistas del momento. Les cambiò el enfoque de la vida con su entusiasmo y su disciplina marcial: a las seis de la mañana los citaba en el CDOM para salir a entrenar y no admitìa excusas de ningún tipo. Los ciclistas debìan estar con energìa suficiente ya que Luigi supervisaba personalmente la dieta que se les ofrecìa en el comedor del CDOM.

Uno de aquellos dias, en los que saliò a la carretera, con el equipo a entrenar y se pararon a comer algo, uno de los ciclistas le quiso enseñar el “ritual del taco “

-Mira Luigi, agarras el taco asi, con el ìndice y el pulgar derechos, de preferencia estando de pie, flexionado tu cuerpo, con la cadera saliente, esto es para evitar que te manches si se cae algo de salsa, y luego ya le das la primera mordida…

Luigi, divertido, lo imitò una vez que le dieron su propio taco ya preparado con salsa roja de chile de árbol. – ¡ Madonna, questo è fuoco ! – dijo con el rostro que habìa adquirido un tono sanguìneo. - ¡ Agua ! ¡ Sùbito !

Ese dìa fuè su primera experiencia con el picante mexicano… y là ùnica, ya que no volviò a probar en tierra mexicana, nada que tuviera chile de ninguna variedad.

Los ciclistas del equipo mexicano, aprendieron muchas cosas importantes a travès de la enseñanza de Luigi. Una de ellas, a no usar la palabra mañana, cuando habìa que hacer algo, sino a actuar el dìa de hoy, y dar lo mejor de cada uno, intentando en cada acciòn, un resultado de excelencia.

Entendieron a fondo lo que significa el espìritu de sacrificio, para ser alguien en la vida, y que las cosas valiosas no se dan en charola, hay que luchar con uñas y dientes para conseguirlas.

Asimilaron tambièn el ejercicio cotidiano de la disciplina de un atleta, que el irse a dormir temprano y comer la dieta indicada, les reportaba grandes beneficios en sus entrenamientos, y al no hacerlo su fìsico les cobraba luego, una costosa factura.

Luigi tenìa un amor tan grande por el ciclismo, que cuando veìa un joven con calidad para ser un gran ciclista, hacìa todo lo posible por apoyarlo, por motivarlo,

y si los recursos econòmicos del ciclista no eran suficientes, le decìa:

¡ Tò, muchacho, vai con questo dinero y compra una buona bicicleta!

Luigi siempre causò pòlemica en los medios de comunicación mexicanos, ya que su sentido de la publicidad fuè poco ortodoxo. Sus declaraciones se pueden explicar en base a sus grandes vivencias en el ciclismo, el espìritu deportivo que ha sido como la sangre que corre por sus venas, y una gran inventiva para sorprender a sus oyentes. Luigi, ¿ podriamos regresar el tiempo ? Organiza, cómplice con Sandro Alessi, otra carrera ciclista internacional que atraviese toda la Repùblica Mexicana ! Inventa otro Record de la Hora, como aquellos que hicieron època con Eddy Merck ò con Francesco Moser !

Regresa al velodromo y a las carreteras Luigi ! Nadie le ha puesto como tú, ese toque de locura y fantasìa al ciclismo mexicano!

Comentarios: lujanmaricela@yahoo.com.mx



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17.8.2009 GMT

Serie por nuestros cerros / Caruao Chuspa Edilia De Borges.

Mi a miga la aventurera, la que encuentra en cada recodo de un camino, en una playa que visita, en una montaña que escala, en un sitio que recorre con la curiosidad y entusiasmo de niño, una historia para contar, que va narrando con el espíritu y la sensibilidad de escritora

un abrazo a mi consecuente viajante...

Agosto 2009

Me encanta cuando llega la época de cosechar mangos éste fruto tropical, me enloquece,
de sabor sublime, dulce, exquisito que me transporta al Paraíso y sus ambrosías. Ello me motivó este domingo a visitar Caruao (Edo. Vargas en el Litoral Central) y estando en la ruta llegarme también a Chuspa para darme un delicioso baño de mar y río.
La autopista Caracas-La Guaira ese día sin problemas de tráfico igual que la avenida principal de La Guaira, hasta parecía fuese aún de madrugada, no había mucha gente en las calles, pero quién si se había levantado con todas las pilas nuevas era el señor Sol, calentaba con fuerza y hacía brillar el mar tranquilo como metal bruñido. Hicimos una pequeña escala para desayunarnos y luego proseguimos nuestro camino, la vía es preciosa custodiada a un lado por el océano y por el otro la montaña. La atmósfera era tan diáfana que podía ver muy nítida la cima del pico Naiquatá, el más alto guardián de la zona. Llegamos a Los Caracas. Muchas carpas en el área de campamentos a la orilla del río, algunos bañistas en la playa; al límite de la otrora llamada “ciudad” salimos de ella y ascendimos una pequeña colina. La vista es impresionante, un paisaje de “postal”. El verde matizado y brillante de las palmeras enmarca al azul profundo del mar, no hay una nube en el cielo. La carretera de cemento está buena para transitarla, uno que otro bache y un derrumbe de tierra que manos solidarias han apartado a un costado. Ya comenzaba a ver las matas de mango por doquier cargadas de frutos, muchos de ellos en el suelo. Comencé mi recolecta. Los avizoraba y avisaba..”Pára ahí”, pacientemente mi amiga me complacía.


Pasamos varios caseríos, uno de ellos: Todasana con su “Museo de la Verdad” que hay que conocer por ser algo extravagante pero interesantemente coloquial. Un río atraviesa el pueblo, lleva mucha agua invitadora, de hecho varios jóvenes y niños se divertían ahí Por los caseríos que pasábamos, los lugareños enfrente de sus casas o negocios nos saludaban con la mano y una alegre sonrisa, debió ser que las caras de felicidad que teníamos nosotras los motivaba.
Un solo percance perturbador ocurrió al llegar a un puente caído por la lluvia de la noche, habían abierto otro paso franco en un desvío por un cerrito paralelo, que había que descender y luego subir. Nuestro vehículo “Chispita” está nuevecito, un poco bajo, pero pasó la prueba, no sin antes asustarnos con un ronco ruido metálico que afortunadamente no pasó de allí. La plancha que recubre y protege la parte de abajo había rozado una piedra. Suspiramos aliviadas, sobre todo la dueña. Proseguimos la ruta hasta llegar a Caruao sombreado por frondosos árboles de mangos y otras especies. Quise saludar a un amigo que vive allá y para ello nos detuvimos en su finca “Campamento”. Fue un verdadero acierto ya que nos deleitamos observando y fotografiando las variadas especies de palmas que configuran su “Palmetum”, la mayoría floridas y cargadas de frutos- Un muy agradable paréntesis en nuestro viaje. Nos despedimos del dueño y quisimos llegarnos hasta “El Paso del Cura” para darnos un baño. El río cae en una hermosa cascada en un profundo y oscuro pozo y luego más allá se confunden las frías aguas con las termales. No pudimos hacerlo no hay un lugar seguro para dejar el carro. Descartado con dolor.
Sin amilanarnos ahora seguimos la carretera hacia la playa de Chuspa, muy cercano apenas unos 5 minutos. El pueblo está muy concurrido, hay mucho alborozo, el sol pica caliente y fuerte lo que nos impulsa hacia la arena playera. A un costado de la misma veo un momento de “quiebra” del equilibrio entre aguas saladas y dulces. El mar arremete e insiste en meterse al río que desemboca en él, con presión titánica formando una gran ola.
Esta vez conseguimos un buen estacionamiento privado, dejamos el vehículo allí y nos fuimos a buscar una lancha rápida para irnos a una de las tantas playitas cercanas “privadas” que existen a lo largo de la línea costera. En la lancha percibo un contacto íntimo con la naturaleza, las crestas de las olas nos mece arriba y abajo suavemente, veo un cardumen de pececitos, mientras en el cielo vuelan dos gaviotas. Respiro el aire más puro del planeta y el silencio sólo es quebrado por el ruido del motor. Casi a los 25 minutos después llegamos. El capitán habilidoso maniobra sorteando las altas rocas y nos lleva hasta la orilla de la dorada arena de la playa. “Mono manso”(playa nudista, pero no todos están así) es una “caleta” cercada por altas y negras rocas por donde corren rápidos cangrejos y asoma sus púas el puercoespín. Mientras las olas se estrellan contra ellas con fuerza levantando un abanico de blanca espuma, dejando pozas trasparentes de suelo empedrado- piscina privada-. Estuvimos allí mucho tiempo deleitándonos con el paisaje bravío y bañándonos en las cristalinas y frescas aguas. Posteriormente saboreamos un rico “tostón” con ensalada y salsa. No queríamos pero debimos despedirnos de los otros amigos que encontramos por allá, queríamos regresar a la ciudad con luz diurna. Nuestro deseo se medio cumplió apenas, porque a las 7 de la noche rodábamos por la autopista del Este con destino a nuestras casas.
Fue un lindo día de aventura, una forma nueva y diferente de relacionarnos con nosotras mismas y con el universo.



Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges



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